miércoles, 28 de noviembre de 2018

ENFERMEDADES QUE ADIVINO:

Viruela

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Viruela
Child with Smallpox Bangladesh.jpg
Niña infectada de viruela, cubierta por las características erupciones en la piel. Bangladés, 1973.
Clasificación y recursos externos
EspecialidadInfectología
CIE-10B03
CIE-9050
CIAP-2A76
DiseasesDB12219
MedlinePlus001356
eMedicineemerg/885
MeSHD012899
Wikipedia no es un consultorio médico Aviso médico 
La viruela fue una enfermedad infecciosa grave, contagiosa, causada por el Variola virus que, en algunos casos, podía ser letal. Se considera erradicada desde 1980.[1]​ No tiene tratamiento específico y las únicas formas de prevención son la inoculación o la vacunación. El nombre viruela proviene del latín variŭs (variado, variopinto), y se refiere a los abultamientos que se presentan en la cara y en el cuerpo de una persona infectada.
La viruela y la peste bovina son las dos únicas enfermedades que han sido erradicadas de la naturaleza por el ser humano.[2]

Clasificación[editar]

Según la forma clínica de presentación de la viruela, se clasifica en:
  • Viruela mayor, es la forma grave y más común de la viruela, que ocasiona una erupción más extendida y fiebre más alta. Hay cuatro tipos de viruela mayor: la común (era la más frecuente y se observaba en 90 % o más de los casos); la modificada (leve, y se observaba en personas que se habían vacunado); la lisa; y, por último, la hemorrágica (éstos dos últimos tipos eran raros y muy graves). Históricamente, la viruela mayor ha tenido una tasa general de mortalidad de aproximadamente el 30 %; sin embargo, la viruela lisa y la hemorrágica solían ser siempre mortales.
  • Viruela menor, es un tipo menos común de la viruela y una enfermedad mucho menos grave, cuyas tasas de mortalidad fueron históricamente del 1 % o menores.

Historia[editar]

Dibujo en el Códice Florentino reflejando el impacto del mal entre los indígenas mesoamericanos.
La viruela era causada por el virus variola que surgió en las poblaciones humanas en torno al año 10 000 a. C.[3]​ Durante varios siglos, sucesivas epidemias devastaron a la población. Era una enfermedad tan letal que en algunas culturas antiguas estaba prohibido dar nombre a los niños hasta que contrajesen la enfermedad y sobreviviesen a ella.[cita requerida] Su tasa de mortalidad llegó a ser hasta de un 30 % de los pacientes infectados.
En la India se creía que la viruela se debía a la bendición de la diosa de la viruela Shitalá (la Fría), y cuando alguna persona se enfermaba acudían a adorarla (con lo que la epidemia se expandía con más velocidad). Aún hoy, a los bebés en la India se les llama genéricamente kumará ('fácil muerte', siendo ku, 'fácil', y mará, 'muerte').[cita requerida]
La viruela fue una enfermedad devastadora en la Europa del siglo XVIII, que se extendía en forma de epidemia matando y desfigurando a millones de personas. Es probable que el siglo XVIII fuera una época especialmente terrible debido a la presencia de la viruela en Europa, ya que la tasa de población creció de manera desmesurada haciendo más fácil la propagación de la enfermedad.
Después de afectar durante milenios al Viejo Mundo, durante la Conquista de América fue contagiada por los recién llegados a los indígenas, que carecían totalmente de defensas ante esa enfermedad desconocida para ellos, causando un colapso demográfico en las poblaciones nativas.[4]​ En 1520, apareció entre los aztecas durante el sitio de Tenochtitlán, provocando además la muerte del líder azteca Cuitláhuac.[cita requerida] Entre los incas la viruela acabó con el monarca Huayna Capac, provocó la guerra civil previa a la aparición hispana y causó un desastre demográfico en el Tahuantinsuyo, que antes de la llegada de los españoles contaba con 14 millones de habitantes, mientras hacia el siglo XVIII contaba con apenas 1,5 millones.[cita requerida] En Chile, detuvo el avance de los mapuches tras la muerte de Valdivia.[cita requerida] En España, provocó la muerte del rey Luis I durante una de las graves epidemias sucedidas en el siglo XVIII en Europa.
Durante cientos de años han ocurrido ocasionalmente epidemias de viruela, sin embargo, después de un exitoso programa de vacunación mundial promovido por la Unión Soviética se logró erradicar la enfermedad. En los Estados Unidos, el último caso de viruela se registró en 1949, mientras que el último caso ocurrido en forma natural en el mundo fue en Somalía en 1977. Una vez que la enfermedad se erradicó en todo el mundo, se suspendió la vacunación habitual de toda la población porque ya no había necesidad de prevenirla. Excepto por las reservas en dos laboratorios, el virus variola está eliminado. Dichas muestras se mantienen en estado criogénico en el Instituto VECTOR de Novosibirsk (Rusia) y en el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (Estados Unidos). Grupos de biólogos han insistido en eliminar ese par de muestras para prevenir que, por un accidente no deseado, alguna de ellas salga del estado de congelación en que se encuentran. Esto no se ha llevado a cabo debido a que el virus como tal nunca fue entendido por completo y se sabía muy poco sobre la forma en que mutaba; aunque se logró dar con la vacuna, su elaboración se hizo de manera empírica, sin conocer con detalle la estructura del virus o su forma de infección; por esta razón, se decidió conservar estas dos únicas muestras.
En China se practicaba la inoculación como medio de prevención de la viruela desde al menos el siglo X d. C., por entonces un monje taoísta de Emeishan (provincia de Sichuán) llevó el método a la capital del imperio a petición del primer ministro Wang Dan.[5]
Siglos más tarde, la británica lady Montagu (1689-1762) en un viaje a Turquía observó cómo las circasianas que se pinchaban con agujas impregnadas en pus de viruela de las vacas no contraían nunca la enfermedad. Entonces inoculó a sus hijos y, a su regreso a Inglaterra, repitió y divulgó el procedimiento entre otras personas, siendo éste uno de los mayores aportes a la introducción de la inoculación en Occidente.
Edward Jenner
El éxito obtenido no fue suficiente para evitarle la oposición de la clase médica que siguió desconfiando del método, hasta que el científico Edward Jenner (1749-1823), casi noventa años más tarde, desarrollara finalmente la vacuna.
No obstante, la utilización de inoculaciones con pus de viruela también registra antecedentes históricos en Sudamérica. El fraile juandediano chileno, Pedro Manuel Chaparro, religioso que posteriormente iniciaría sus estudios de medicina, en 1765 inició inoculaciones sistemáticas con pus de pústulas de los variolosos para prevenir la viruela. Esta acción fue tan acertada que de cinco mil personas inoculadas (vale decir el equivalente a una ciudad completa del siglo XVIII), ninguna falleció.[cita requerida]
No se conoce el método utilizado por Chaparro, pero hay algunos datos en el libro Inoculación de las Viruelas, publicado en Lima en 1778 por fray Domingo de Soria, jandeliano, que había trabajado con Chaparro en Valdivia en 1766. En este libro, cuyo apartado titulado "Parecer que dio el doctor Don Cosme Bueno sobre la representación que hace el Padre Fray Domingo de Soria para poner en práctica la inoculación de las viruelas" su autor, el doctor Cosme Bueno termina del siguiente modo:
En vista de todo lo que llevo expuesto, soy de dictamen que puede V. Exc. permitir la Inoculación de las Viruelas como un medio, que sirve para librar muchas vidas, con tal que para el acierto guarden las reglas arriba referidas. Lima y Dicienbre (sic) 20 de 1777.[6]
Lorenzo Quiñones, en 1797, describe el método usado en el Perú y que debe haber sido muy similar al utilizado por Chaparro:
Mediante la ancha punta de una aguja o lanceta humedecida en el pus variólico se inserta ésta entre epidermis y dermis", "También la aguja puede arrastrar un hilo de seda empapado en el pus entre dermis y epidermis.
Se describe que, entre el 3º y 4º día de la inoculación, aparece una inflamación, con vesículas y pústulas, seguidas de malestar general, alza térmica y aparición de una viruela atenuada en todo el cuerpo, de evolución sorprendentemente benigna y, de modo excepcional, grave y mortal. El proceso terminaba en quince a dieciséis días y dejaba inmunidad frente a la viruela.
En 1796 Edward Jenner inició lo que posteriormente daría lugar a la vacuna: un ensayo con muestras de pústula de la mano de una granjera infectada por el virus de la viruela bovina, y lo inoculó a un niño de ocho años. Tras un período de siete días el muchacho presentó malestar. Pocos días después, Jenner volvió a realizar varios pinchazos superficiales de la temida viruela, que el muchacho no llegó a desarrollar.
En 1798 Jenner publicó su trabajo (An Inquiry into the Causes and Effects of the Variolae Vaccinae, a Disease Known by the Name of Cow Pox), donde acuñó el término latino variolae vaccine (viruela de la vaca), de esta manera Jenner abrió las puertas a la vacunación. En este sentido, Jenner es considerado una figura de enorme relevancia en la Historia de la Medicina, si bien cabe decir que sus métodos de experimentación serían inaceptables hoy en día por contravenir los principios de la ética médica.
Francisco Javier Balmis y Berenguer (1753-1819) fue pionero en el estudio de las aplicaciones de la vacuna, en particular de la viruela, dirigiendo junto con José Salvany y Lleopard, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna,[7]​ (1803-1814), que contó con el permiso y apoyo del Rey de Carlos IV, que es reconocida como un hito en la historia de la medicina al aplicar vacunas a lo largo del entonces Imperio español.

Erradicación[editar]

Rahima Banu, la última niña infectada de manera natural de la cepa variola major de la viruela en Bangladés en 1975.
Los directores del Programa de Erradicación Mundial de la Viruela anuncian en 1980 el éxito de la campaña.
Durante años, cada país realizaba sus propias campañas de vacunación hasta que en 1958, Víktor Zhdánov, el viceministro de Salud de la Unión Soviética, propuso a la Asamblea Mundial de la Salud una iniciativa global conjunta para erradicar la viruela. La propuesta fue aprobada en 1959 bajo el nombre de "resolución WHA11.54".[8]​ La erradicación de la enfermedad, que entonces afectaba a casi dos millones de personas cada año, se transformó en el principal objetivo de la OMS.
En la década de 1950 la Organización Panamericana de la Salud logró por primera vez eliminarla de todo el continente americano. En 1967, bajo el liderazgo de Karel Raška, se inició una poderosa campaña de vacunación, llegándose a combatir 15 millones de casos en 31 países. La versión Variola major fue detectada por última vez en Bangladés en octubre de 1975 en la niña de dos años Rahima Banu. El 26 de octubre de 1977, se divulgó el último caso de viruela (versión Variola minor) contraída de manera natural, en la localidad de Merca (Somalia) por un hombre de 23 años llamado Ali Maow Maalin.
En 1978, y debido a un accidente de mala manipulación del virus en un laboratorio de Gran Bretaña, la fotógrafa médica Janet Parker contrajo el virus y murió el 11 de septiembre de dicho año, significando la última muerte humana registrada por este virus en el mundo.[9]
Oficialmente se guardaron solo dos muestras del virus, que fueron puestas en estado criogénico en los dos laboratorios tecnológicamente más avanzados del mundo: una en los Estados Unidos y la otra en la Unión Soviética. El 8 de mayo de 1980, la XXXIII Asamblea de la OMS aceptó el Informe final de la Comisión Global para la certificación de la erradicación de la viruela.[10]​ Esto provocó que el gobierno británico destruyera su muestra y confiara la defensa sanitaria de su pueblo a Estados Unidos de América. Actualmente el debate es si destruir o no las últimas cepas del virus.

Debate respecto de la destrucción del virus[editar]

Según un acuerdo firmado entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1990, la destrucción del virus debería haber ocurrido antes del fin del año 1993.[11]
Poco después de este tiempo el doctor Brian Mahy, a la sazón conductor de un equipo de investigadores de seis países del CDC, reconoció que la destrucción de los virus depositados en Estados Unidos y Rusia no constituye una garantía total: «Siempre es posible que un virus de viruela haya estado deliberadamente conservado en algún lugar del mundo por gobiernos o grupos sociales con el fin de contar con esa arma biológica».[12]
Aunque el doctor Mahy y su equipo abogaban por la destrucción del virus, este mismo reconocimiento es el principal argumento usado por el doctor Wolfgang Joklik y su equipo compuesto por investigadores estadounidenses, rusos y británicos (Universidad de Duke) para oponerse a la destrucción: «La destrucción del virus aislado bajo vigilancia en los laboratorios de Atlanta y Moscú no quita la amenaza de la viruela en el mundo».[13]
De hecho, recientemente se ha constatado la existencia de cepas del virus congeladas en momias siberianas de fallecidos por la enfermedad.[14]

Peligro latente[editar]

Con respecto a la erradicación de la enfermedad, hay un efecto que no hace deseable que se guarden muestras del virus: la humanidad no solamente ha perdido la inmunidad al virus, sino que tampoco tiene ya memoria genética. Ante un eventual escape o —principalmente— hasta en un ataque biológico, el tiempo de reacción de la industria y la consecuente vacunación mundial no sería suficientemente rápido como para evitar la muerte de cientos de millones de personas.[15][16]
La vacuna no contiene el virus de la viruela. Se conservaba una reserva periódicamente renovada de unos cuatro millones de dosis de vacunas con fines defensivos. A partir de 2001, el gobierno de Estados Unidos de América tomó medidas para que hubiera suficiente existencia de vacunas como para inmunizar a toda su población.[17]

Epidemiología[editar]

La enfermedad se considera erradicada desde 1980.

Transmisibilidad[editar]

Para que la viruela se contagie de una persona a otra, se requiere un contacto directo y prolongado, cara a cara. La viruela también puede transmitirse por medio del contacto directo con fluidos corporales infectados o con objetos contaminados, tales como sábanas, fundas o ropa. Rara vez el virus de la viruela se ha propagado transportado por el aire en sitios cerrados como edificios, autobuses y trenes. Los seres humanos eran los únicos portadores naturales del virus de la viruela. No se conocen casos de viruela transmitidos por insectos o animales.
Una persona con viruela puede ser contagiosa cuando comienza la fiebre (fase pródromo), pero alcanza su máxima capacidad para contagiar cuando comienza la erupción. Por lo general, en esta etapa la persona infectada está muy enferma y no puede desplazarse en su comunidad. La persona infectada es contagiosa hasta que desaparece la última costra de viruela. Comúnmente solicitaban a los pacientes que no debían de rascarse los granos o costras ocasionadas por la viruela porque quedaba marcado su cuerpo.

Etiología[editar]

La viruela es provocada por el variola virus.

Cuadro clínico[editar]

Fases de la enfermedad[editar]

Historia natural de la enfermedad
Período de incubación
(Duración 7 a 17 días)
No contagioso
Después de la exposición al virus hay un período de incubación durante el cual las personas no presentan ningún síntoma y quizás se sientan bien. Este período de incubación dura en promedio de 12 a 14 días, pero puede oscilar entre 7 y 17 días. Durante este lapso, las personas no son contagiosas.
Síntomas iniciales
(Duración: 2 a 4 días)

(Pródromo)

Algunas veces contagioso¹
Entre los primeros síntomas de la viruela se encuentran fiebre, malestar, dolor de cabeza y en el cuerpo y, algunas veces, vómitos. La fiebre, por lo general, es alta y puede subir hasta los 38-40 ºC. En ese momento, las personas suelen sentirse demasiado enfermas para seguir con sus actividades habituales. Esto se conoce como la fase pródromo y puede durar de 2 a 4 días.
Primera erupción(Duración: unos 4 días)
Período más contagioso

Distribución de la erupción:
Viruela.png

La erupción se manifiesta primero en la lengua y en la boca en forma de manchitas rojas.
Estas manchas se convierten en llagas que se abren y esparcen grandes cantidades del virus en la boca y la garganta.
Más o menos al mismo tiempo en que las llagas en la boca se abren, aparece una erupción en la piel que comienza en la cara y se extiende por los brazos y las piernas, y luego por los pies y las manos. Generalmente la erupción se extiende a todo el cuerpo en un lapso de 24 horas. Cuando aparece la erupción, la fiebre usualmente baja y es posible que la persona empiece a sentirse mejor.
El tercer día, la erupción se convierte en abultamientos.
El cuarto día, los abultamientos se llenan de un líquido espeso y opaco, y a menudo presentan un hundimiento en el centro que parece un ombligo. (Ésta es una carácterística importante para distinguir a la viruela de otras enfermedades).
En ese momento, la fiebre suele subir otra vez y se mantiene alta hasta que se forman las costras sobre los abultamientos.
Erupción con pústulas
(Duración: unos 5 días)

Contagioso
Los abultamientos se convierten en pústulas —muy altas, generalmente redondas y firmes al tacto, como si hubiese un objeto pequeño y redondo debajo de la piel—. Las personas dicen a menudo que sienten como si tuvieran balines incrustados en la piel.
Pústulas y costras
(Duración: unos 5 días)
Contagioso
Las pústulas comienzan a formar una cascarilla y luego una costra. Al final de la segunda semana después de aparecer la erupción, la mayor parte de las llagas han formado costras.
Las costras empiezan a caerse
(Duración: unos 6 días)
Contagioso
Las costras comienzan a caerse y dejan marcas en la piel que por último se convierten en cicatrices en forma de hoyos. La mayoría de las costras se caerán a las 3 semanas de haber aparecido la erupción. La persona sigue siendo contagiosa hasta que todas las costras se hayan caído.
Las costras se han caído
No contagioso
Las costras se han caído. La persona ya no es contagiosa, aunque no es muy seguro.
¹ La viruela puede ser contagiosa durante la fase de pródromo, pero alcanza su máxima capacidad infecciosa durante los primeros 7 a 10 días después del comienzo de la erupción.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Volver arriba «UN 'confident' disease has been wiped out». BBC (en inglés). 14 de octubre de 2010. Consultado el 14 de octubre de 2010. 
  2. Volver arriba «WHO | Smallpox». 21 de septiembre de 2007. Archivado desde el original el 21 de septiembre de 2007. Consultado el 31 de diciembre de 2016.. 
  3. Volver arriba Barquet N, Domingo P (1997). «Smallpox: the triumph over the most terrible of the ministers of death». Ann. Intern. Med. 127 (8 Pt 1): 635-42. PMID 9341063. 
  4. Volver arriba [1]
  5. Volver arriba Temple, Robert K.G. (octubre de 1988). «Inventos y hallazgos de una antigua civilización». El Correo. Consultado el 25 de noviembre de 2012. 
  6. Volver arriba Bueno, Cosme (1778). La inoculación de las viruelas. p. 30. 
  7. Volver arriba :::Fundación Francisco X. Balmis - Rotary Club Alicante:::
  8. Volver arriba Fenner, Frank (1998). Development of the Global Smallpox Eradication Programme; publicado en "Smallpox and Its Eradication (History of International Public Health, No. 6)" (en inglés). Organización Mundial de la Salud. pp. 366-418. ISBN 92-4-156110-6. Archivado desde el original el 15 de enero de 2011. Consultado el 7 de noviembre de 2010. 
  9. Volver arriba «30 años de la erradicación de la viruela». Consultado el 31 de diciembre de 2016.. 
  10. Volver arriba «25 años sin viruela.» Prnewswire.co.uk
  11. Volver arriba Consultor de Salud, Buenos Aires, número 84, 21 de enero de 1994, página 9, columna 1.
  12. Volver arriba Consultor de Salud, Buenos Aires, número 84, 21 de enero de 1994, página 9, columna 2.
  13. Volver arriba Consultor de Salud, Buenos Aires, número 84, 21 de enero de 1994, página 9, columna 3.
  14. Volver arriba «La viruela ‘reaparece’ en unas momias congeladas en Siberia». Materia. Consultado el 31 de diciembre de 2016.. 
  15. Volver arriba [2]
  16. Volver arriba «Hay en el mundo millones de personas no vacunadas que podrían sufrir terribles consecuencias si este virus activo saliera de un laboratorio.» - Declaración atribuida al doctor Mahy (CDC) en el Consultor de Salud, número 84, 21 de enero de 1994, página 9, columna 2.
  17. Volver arriba [3]

Enlaces externos[editar]

No hay comentarios:

Publicar un comentario